
El tejido social se fortalece cuando las mujeres encuentran rincones seguros donde compartir, sanar y celebrar su identidad de forma libre. Recientemente, Santo Domingo se convirtió en el punto de encuentro para las participantes de nuestros grupos locales, quienes se dieron cita para vivir una jornada profundamente humana, cercana y llena de complicidad.
Bajo el marco de nuestro programa bandera, «Mujeres Transformando Comunidades», habitamos un diálogo horizontal donde abordamos herramientas prácticas y reflexiones en tres de nuestros ejes fundamentales: autocuidado, identidad y derechos.


Más allá de las realidades locales, la empatía y la fraternidad de nuestras mujeres demostraron no tener fronteras. Durante el encuentro, se vivió un momento de profunda espiritualidad y recogimiento.
Conscientes de las dificultades que atraviesan nuestros hermanos vecinos, las participantes unieron sus voces, pensamientos y oraciones en un emotivo gesto de solidaridad por el pueblo de Venezuela, tras el reciente y devastador terremoto que afectó a su país. Este rincón de oración nos recordó que la misión se sostiene en el apoyo mutuo y en el abrazo espiritual permanente.
La jornada en Santo Domingo también abrió paso a la celebración y el esparcimiento lúdico. El ambiente se transformó por completo gracias a la riqueza de nuestras expresiones culturales; la música, el arte local y el baile tradicional llenaron cada rincón de una energía y vitalidad únicas.
Ver a las participantes apropiarse del espacio a través del ritmo y el movimiento nos reafirmó que la organización comunitaria y la exigencia de derechos también se celebran con alegría, ligereza y sonrisas compartidas.





