
A través del juego limpio y el trabajo en equipo, el Programa de Niñez y Juventud transformó las canchas de Santo Domingo en un espacio de encuentro, compañerismo y comunidad.
Más que un campeonato, una fiesta de hermandad
El silbato inicial no solo marcó el comienzo de los partidos; marcó el inicio de una jornada donde las fronteras desaparecieron y el balón se convirtió en el lenguaje de la unión. Recientemente, Santo Domingo fue el vibrante escenario de la Copa Scalabrini, una iniciativa impulsada por nuestro Programa de Niñez y Juventud que reunió a decenas de niños, niñas, jóvenes y sus familias.

Para la Misión Scalabriniana, el deporte va mucho más allá de un marcador o de levantar un trofeo en el podio. Es una herramienta pedagógica y de transformación social idónea para propiciar el encuentro cultural, derribar estigmas y construir un tejido comunitario fuerte en el territorio.
Durante cada uno de los encuentros, los jóvenes deportistas demostraron que la verdadera estrategia del juego radica en el respeto y el apoyo mutuo. El campeonato se estructuró bajo un enfoque de deporte con valores, priorizando:
Un espacio donde familias locales y en situación de movilidad humana compartieron como iguales, celebrando la diversidad de la comunidad.
Un espacio donde familias locales y en situación de movilidad humana compartieron como iguales, celebrando la diversidad de la comunidad.
El reconocimiento del rival, la disciplina y la honestidad en cada jugada por encima de la obsesión por ganar.
La cancha se llenó de una energía maravillosa gracias al aliento incansable de los padres de familia y vecinos que, desde las gradas, conformaron una barra unida que festejó cada gol y aplaudió cada esfuerzo con el mismo entusiasmo.


Al finalizar la Copa Scalabrini Santo Domingo, nos llevamos mucho más que anécdotas de goles espectaculares y grandes salvadas. Nos regresamos con la certeza de haber consolidado un rincón seguro donde nuestra niñez y juventud puede expresarse libremente, hacer amigos y reconocerse como parte fundamental de una comunidad que los respalda y los cuida.
Queremos agradecer a cada uno de los jugadores, entrenadores, voluntarios y familias que hicieron posible este encuentro. Cada pase y cada sonrisa compartida nos recuerda que, cuando jugamos con el corazón, todos somos parte de un mismo equipo.






